National Geographic POD

viernes, 18 de enero de 2008

SPIRIBOY


Personaje del cuento "EL PEPITO FEO", ilustrado segun idea original de mi sobrino David. Hecho con técnica mixta a base de cemento y látex sobre tablex y pintura al óleo. Referencia: 207-Spiriboy-Ene08-Técnica Mixta-30x21

16 comentarios:

Turi dijo...

¡¡¡El parecido con el inventor del personaje es fabuloso!!! A ver qué dice cuando lo vea.

santi dijo...

Sí, a ver que dice ... coméntamelo

Turi dijo...

Pues, ha sufrido una gran decepción, pues no era lo que se esperaba (es lo que ha dicho después de calmarse). David quería un modelo exacto a su dibujo y no un retrato suyo. Con la nariz de triángulo, con espirales en los agujeros de la nariz, con espirales dentro (y no en lugar) de la oreja... Es que los niños son más exigentes que los adultos. De todas formas, al resto de la familia nos ha encantado, así que guárdanoslo, por favor, que lo quiero enmarcar.

Santi dijo...

Pues dile a David que si quiere uno igualito al suyo... pues ya lo tiene .. precisamente el que ha hecho él. Pero es que el personaje del cuento, tambien tiene que tener algo de humano, para hacerlo creible.
En cualquier caso, me he divertido haciendolo y os lo reservo.

David dijo...

Santi, perdona por haberme disgustado. Yo no me esperaba eso, pero ahora sí me gusta y quiero que me mandes el cuadro que lo voy a poner en mi habitacion.

santi dijo...

David, es que quise darte una sorpresa y que se pareciera algo a tí. Si lo hubiese hecho exactamente como tu dibujo, no te habría sorprendido y además sería difícil que pasase por el protagonista del cuento, porque debía confundirse con un niño normal de la Tierra y con seis espirales, pues ya le llegó.

Atenea dijo...

Los niños son muy difíciles e inteligentes. Seguramente que tenía en su cabeza algo que sólo él podría dibujar.
De cualquier manera, yo lo encuentro gracioso y vistoso.
Debe ser complicado dibujar por encargo, porque nunca sabes si coincidirás con la idea que tiene la persona que te lo encarga.
Espero poder leer el cuento algún día.

Santi dijo...

Pues si la autora está de acuerdo podría ella misma poner el contenido del cuento en un comentario y se podría leer aquí en el blog.

Turi dijo...

Es una pena que con la foto no se aprecien los maravillosos relieves de este cuadro. Todo el cabello está en relieve, y las seis espirales, incluso los labios. Es un cuadro al natural precioso originalísimo. No abandones esta técnica. Enrique está intrigado en saber con qué objeto trabajas el relieve.

santi dijo...

El relieve se hace con cemento blanco, que se mezcla con cola de carpintero blanca para que al final se pegue bien al tablero y con agua para que fragüe. Todo ello en un recipiente aparte y luego cuando está aun fluído se echa sobre el cuadro con una pequeña cuchara, con la que tambien se moldea.
Despues de acabar la pintura, yo le echo latex transparente, que además de hacer de barniz, evita que el cemento de base se agriete.

Turi dijo...

CUENTO DEL PEPITO FEO:
En una feliz y sencilla familia de tres niños nació un nuevo hermanito al que los papás iban a llamar Pepito. Los tres hermanos de 4, 6 y 7 años, Andrea, Luisa y Nacho estaban muy contentos y querían verle lo antes posible. Les hacía mucha ilusión tener un nuevo hermanito con quien jugar.

Oyeron la puerta de casa, que era su mamá con el nuevo hermanito. No les gustó nada la cara tan seria que traía su mamá. Cuando se asomaron a la cunita vieron un niño muy extraño: en vez de tener los ojos redondos con una bolita negra en el centro como todas las personas, tenía una espiral de cada color en cada ojo. Cada oreja era también una espiral de color y también tenía dos caracolillos encima de la cabeza en forma de espiral como si fuesen antenas.

Los tres niños se decepcionaron un poco y Nacho dijo: - ¡qué hermanito tan feo!-. Su mamá les explicó que cada persona es de una forma y que tenían que quererle y aceptarle como era. Pero es que cuando fue creciendo e iban con él a la calle, la gente se le quedaba mirando y le señalaban y se reían de él.

Los hermanos intentaban quererle y defenderle y hacían muchos esfuerzos por aceptarle, porque es lo que les habían enseñado sus padres, que hay que sacar el lado bueno de todas las personas. Pero en el colegio ningún niño le quería, incluso algunos profesores le trataban como si fuese un extraño. Así, Pepito iba sufriendo y lloraba cada día. Sobre todo cuando se miraba al espejo y se veía diferente a los demás. Únicamente le demostraban cariño y paciencia su mamá y su papá y los hermanos. Ni siquiera sus primos le querían y siempre le llamaban ‘niño de colores’ o ‘niño-parchís’.

Cuando Pepito cumplió 18 años, no pudo aguantar más. Escribió una nota a sus padres y hermanos diciendo que siempre les querría y que le perdonaran por ser tan raro, pero que se tenía que ir para buscar personas que lo aceptaran. Los padres y hermanos lloraron y lloraron, pero en el fondo sabían que hacía lo correcto.

Pepito se alejó de su ciudad hacia el bosque. A los pocos días encontró una casa donde vivían unos artistas que pintaban cuadros y los vendían en las ferias de los pueblos. Le aceptaron, pensando que les podía servir de modelo para sus cuadros. Pero a la semana, ya le habían retratado y nadie quería comprar esos cuadros tan extraños. Como no le podían mantener le dijeron que se fuera.

Apesadumbrado se marchó y se puso a caminar en busca de alguien que lo aceptara. En seguida encontró una granja donde buscaban una persona que ayudara a cuidar los animales. – Soy trabajador y cariñoso con los animales- le dijo al granjero.
– Quédate unos días a ver qué tal lo haces. Pero, ¡Qué extraño eres!- exclamó el hombre.

Los animales no le obedecían. Las gallinas se ponían a cacarear nerviosas casa vez que entraba en el corral para limpiar los excrementos. Los cerdos le mordían cuando les cepillaba. Los corderitos balaban y balaban cuando iba a darles la comida. Así que al día siguiente el granjero le dijo que se tenía que ir, que los animales estaban revolucionados.

Pepito estaba cada vez más y más triste, pero siguió adentrándose en las montañas, pues era la única opción que tenía. No podía volver a su casa. Una vez que había decidido ir en busca de su felicidad, no podía parar hasta encontrarla.

Esa noche se guareció en el interior de una cueva y busco leña para hacer un fuego, pues el verano empezaba a dar paso al otoño y los días iban siendo más frescos. De pronto encontró un pedrusco que le llamó la atención. Le recordaba a algo que le resultaba familiar. Lo tomó en sus manos y vio que tenía forma de espiral de color naranja. – ¡Pero, si es como mis ojos, mis orejas y mis antenas!- se sorprendió.

Esa noche no pegó ojo, deseando que amaneciera para buscar el origen de esa piedra con forma de concha de caracol. Se pasó todo el día buscando detrás de los matorrales, debajo de las rocas, encima de los árboles. Pero no encontró nada. Estaba tan cansado que cuando empezó a oscurecer se preparó para irse a dormir. De repente divisó un objeto brillante, como una nave que aterrizaba en una zona próxima a la que él se hallaba.

Corrió hacia la nave, pero se escondió detrás de unas rocas para observar lo que pasaba. Se abrió la puerta y apareció una escalerilla de mano. A continuación, dos personas bajaron del platillo volante. Una de ellas, levantó la mirada y fue cuando Pepito pudo observar que tenía unos ojos brillantes en espiral de colores semejantes a los suyos. Sin pensarlo dos veces, salió de su escondite y se dirigió a ellos.

Los dos extraños comenzaron a hablarle en un raro lenguaje que, sin embargo, Pepito entendía sin haberlo oído nunca. Le preguntaron sobre su origen y edad y le hicieron subir al aparato volador con ellos. Allí conoció a otros dos seres más. Después de hacerle varias preguntas, le explicaron que procedían del planeta Espiri-Gonsales y que él era uno de sus habitantes, hijo de una pareja de investigadores que nació mientras estaban en la Tierra haciendo una misión hacía 18 años. Y qué como se puso enfermo al nacer, tuvieron que llevarle a un hospital de maternidad para que le cuidaran, teniendo que volver sus padres a su planeta. Cuando volvieron a los tres días a por él, y le quitaron la mantita ya en la nave, de regreso a su planeta, observaron que no era él, sino un bebé terrestre.

Los verdaderos papás de Pepito estaban en Espiri-Gonsales y el verdadero hijo de los que creía ser sus padres terrestres se llamaba Espiriboy y también estaba en Espiri-Gonsales. ¡Había habido un trueque! Así que se marcharon de inmediato al planeta Espiri-Gonsales para contar a sus verdaderos padres toda la historia y de nuevo a la Tierra para explicar todo a los padres terrestres de Pepito.

Pepito y Espiriboy decidieron que era mejor que se intercambiaran los nombres y que fuera cada uno a vivir con sus padres verdaderos y con los de su especie. Es decir, el verdadero Espiriboy se iría a Espiri-Gonsales y el terrestre, ahora Pepito, a la Tierra. Pero visitarían a sus familias adoptivas un par de veces al año.
El ‘Pepito feo’ (Espiriboy) se sentía satisfecho de haber encontrado la felicidad.

santi dijo...

Una vez leido el cuento, puede constatarse la adecuada reproduccion pintada de Pepito el Spiriboy

Ingue dijo...

Y ya puestos a hacer comentarios, me gustaría dar la enhorabuena a la autora del cuento porque ha sabido compaginar muy bien el dibujo con la historia.
La animo desde aquí para que siga escribiendo porque imaginación no le falta.

santi dijo...

Reivindico la compaginación, porque fue primero el cuento y despues el dibujo, fruto de su lectura y del croquis de mi sobrino.

Ingue dijo...

No lo sabía, claro está; lo cierto es que sois buenos los dos imaginando, fíjate en las leyendas de tus cuadros, no sería mal negocio que uno escribiera y el otro ilustrara los cuentos, buena combinación.

santi dijo...

Bueno ..pues casi parece que en eso estamos ... jeje